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RAMCE
Los Críticos opinan 1

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"Encendemos la luz para no ver lo que nos asecha en la oscuridad y, en efecto, dejamos de verlo, pero lo que nos asecha sigue ahí, y eso precisamente, parece constituir el interés del pintor Ramón Cecilio (Ramce)en su obra."

UNA CLARA INSPIRACIÓN

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La obra de Ramce, todo un artista en la frontera de lo figurativo y lo abstracto. Un mundo aparte que lo atrapa y ofrece. Técnica contenido y mensaje, logra un gran acierto con toda la profundidad de una mirada humana.

Las ideas son las que expresan el contenido esfervecente y la naturalidad de la obra creada con tanta personalidad y con la mayor atención al significado. Lo que ocurre es que el artista ha sabido unificar contenido y continente en una demostración de que sabe atemperar con mesura su obra para que se conecten forma y fondo.

El mundo mágico en que se halla inmerso deja entrever una carga emotiva de sentimientos que trata de darle forma y color, ilusiones, la mujer, amores y fantasías...., en fin, sentimientos que para el artista no dejarán de ocupar un lugar eminente en el futuro, como lo fueron en el pasado, como lo es en el presente.

Procedente de su intimidad compartida, "Ramce" nos trae toda una carga poética en sus creaciones a lo largo de todos estos años de intensas búsquedas de su propio hacer, de su propia expresión: la frontera entre lo pasado y lo presente, y lo que está por venir, eso que a veces presentimos que va a salir de detrás de alguno de los árboles de sus azules y neblinosos bosques, iluminados por los rayos de sol, mostrándonos su luz natural, esa que irradia este carismático y talentoso artista plástico cubano.

Sus composiciones son ilusiones de la realidad, una realidad llena de significado que sobrepasa la línea de la figuración.

El color supera la frontera que enmarca la realidad, una realidad imaginada, soñada, muy distinta de la cotidianidad, fundiéndose con la propia estructura donde se sustenta.

Ramce, con su potente originalidad la extrae de su interior, creando con colores, formas y poesía un aspecto soñador que a mi juicio es el contenido medular de sus composiciones.

El artista nos muestra el presente, futuro y pasado; renovado y modificado. Conociendo donde empieza y acaba todo, pero mostrándose al mismo tiempo, imprevesible. Todo fluye en sus lienzos, enseñándonos su eficacia, dándonos además una lección de trabajo y constancia, de dura entrega.

Existe siempre el camino continuado que lleva hasta el proceso final. En definitiva, este ensayar continuo de posibilidades formales parece haberle abierto una vía de investigación de libertad creativa, de una nueva mirada del paisaje.

Ramce tiene el valor de no huir ante lo cierto, lo desoladoramente cierto, de saberse entre las transparentes rejas de un ser que si se nombra a sí mismo y nombra el mundo, comprueba que aquí sólo nos queda la lucha, o la recreación del individuo, aunque este se asfixie en la controversía o alineadas obsesiones.

Y es que Ramce - manos grandes de pintor que plasma en el lienzo su forma de vber la realidad de la vida y la describe tomando de soporte, la naturaleza, mirada profunda de soñador que lumbra sus misterios, palabra muda de quien grita en el silencio de su rebeldía - sabe que no hay otro camino que el de soñar despierto y nombrar, nombrar sin miedo lo inefable y dejarnos desnudos ante nuestros espejos, para hacernos ver que únicamente en nosotros mismos yace la verdad de nuestro íntimos anhelos.

Sin dudas, Ramce, segirá siendo un campo fértil donde se conjugan los sueños, las realidades, el amor y todo lo divino que surge de las manos y maravillosa mente de este artista.

Dulce Eva María Montiel Hidalgo (España)
Licenciada en Bellas Artes
y Crítica de Artes.
Octubre/2001

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"Amor Prohibido"

"El paisaje: un hábito difícil de romper"

Me prometí hace tiempo seguir los pasos artísticos de Ramce, estar atenta a los cambios o a las permanencias en su modo de hacer pintura y, parece que hasta ahora al menos, ya puedo decir algo, comentar su proceso, además ¡claro!, de disfrutar de sus creaciones.

Ramce es minucioso no sólo en la pintura; su avance creativo lo registra fotográficamente en carpetas anuales, como si de un diario se tratara. en una de esas carpetas, la última que revisé, Ramce escribió así:

"El paisaje: un hábito difícil de romper".

En esta frase encontré una especie de confesión para indagar en el proceso al que me referí. efectivamente parece que lleva la construcción de paisaje como una anteojera: lo ve en todas partes, aún en la iconografía que podría prescindir de él, ejemplos aquí exibidos son: "tren de la medianoche" y "Nueva ruta de mi navegación...", entre otros. De manera que la figura humana, así como todo vehículo y todo mecanismo, queda sometido a la naturaleza, al paisaje, que siempre se yergue señero en su visión pictórica.

La novedad que señalé hace una año, la figura humana en sus composiciones, entró a habitar esos espacios arcanos producto de su invensión. Bosques que se erigen en una atmósfera irreal, casi feérica, de hadas. En todo caso, la figura humana forma una mancuerna de igual peso con el paisaje, a la manera en que históricamente lo hicieron Patinir y Giorgione: "El eclipse, la meditadora y el nido" es una buena prueba de esto que digo.

Entonces la naturaleza si, pero no necesariamente vista en el acto creador, porque Ramce ya la resolvió y vive en su interior, inventada, allí permanece inmutable desde que la encontró.

Alguna vez le dije a Ramce cómo me recordaban fragmentos de sus obras a detalles de la pintura de Van Eyck. me lo recordaba la minuciosidad, en lo visto y conocido pero extraído a la naturaleza para una invensión particular; concretamente "El cordero Místico"; la voluntad creadora es la misma, aunque aquel pintara en el mil cuatrocientos y Ramce en el dos mil.

Ocupándome de otras cuestiones de la mirada, puedo decir que por fin acabé de conciliar la paradoja que me supone el colorido en su obra, que se muestra frío a fuerza de azules, verdes y grises, dode la luz define la atmosfera, pero que felizmente en sus últimas obras se renuevan con una gama que remite más cálidos naranjas, ocres y rojos, que quizá recuerdan más a nuestra naturaleza de origen insular...caribeña. Bueno, así se las juega la creación y creo que tengo que "leerlo" como aviso de lo inefable y de lo estéril de aplicar fórmulas reduccionistas cuando se analiza pintura. véase como ejemplo: "No me enculces el café" y "El valle se vistió de verde"

Obras como "El único" y "El solitario" revelan la idea de una árbol que ha repetido de cuando en cuando en sus series. Algo hay en esta concepción de árbol, robusto pero solitario, que lleva a Ramce una y otra vez al tema.

De nuevo el observador debe estar atento a la vinculación entre diseño y pintura, en especial a la teselación y al estarcido que son constantes en su trabajo. Concluyo con una mención a las texturas, ya que en los últimos trabajos Ramón Cecilio ha aplicado una paleta más gruesa y es la textura a la que hay que recurrir para que la composición genere sentido, observense en este sentido: "El oasis y la paloma azul" y "Gané"

Bien, una celebración así requiere hablar menos y mirar más. Por todo esto Ramce, me congratulo de estar aquí esta noche con tus familiares y amigos y de que habrieras tu "exclusividad" a todos nosotros.

¡Gracias!

Dra. María del Carmen Alberú Gómez.
Historiadora de Arte
Centro Asturiano.
Polanco, Ciudad de México.
Diciembre/2000

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"No me endulces el café esta noche"

Adentrémosno a las vertientes fundamentales de la obra de Ramce (Ramón Cecilio)

Las dos vertientes fundamentales de su trabajo ponen a prueba su capacidad laboratorial; en la que integra de una parte elementos procedentes de la pintura al natural (paisajes), y de otra, una especial capacidad para el juego evocativo con abstracciones. En ambos casos, Ramce somete la obra a una controlada diversidad de gamas cromáticas y juegos formales, en las que participan la luz y la combinatoria de elementos que se organizan en un armonioso sentido de la estructura espacial.

Cuando el tema tratado es de carácter naturalista, se nos muestra la pintura a través de algo, que va más allá de la simple representación de la naturaleza, donde la obra de arte se instituye en realidad rival. Si bien, al nivel temático y formal sus paisajes son recreados magistralmente, en ellos se advierte una inusual concepsión del espacio, que logra insertar con naturalidad y maestría la idea de la espacialidad como protagonista - ya sea mediante majestuosos haces de luz o del propio ordenamiento espacial que impone distintas calidades a lo representado, atendiendo a la densidad atmosférica o a los ordenes discontínuos que conforman el entramado de geografía y vegetación.

La otra vertiente de su producción plástica recrea vínculos de yuxtaposición entre elementos naturales y abstractos, a la par que despliega con gran virtuosismo el entramado de las formas, colores, texturas y juegos representacionales. La pintura se convierte entonces en una sinfonía de interacciones y diferencias, que estabilizan el ritmo, clausuran la imagen y nos detiene en el placer de la composición para deleitarnos con una estética retiniana, donde la retórica de la forma recrea órdenes de medida y sobreabundancia, que en su ritmo desafía el sentido discontínuo de la narración, a la par que nos recrea con el discurso sinfónico de la forma.

Madeline Izquierdo de Campos.
Lic. en historia del Arte.
Distrito Federal, México.
Diciembre/1997